Primero cargas menos. Después comienzas a evitar cargar.
La pérdida de fuerza útil no siempre llega de golpe. Puede avanzar silenciosamente mientras el cuerpo se acostumbra a recibir cada vez menos estímulo.
- Las bolsas, cajas y objetos cotidianos pueden comenzar a sentirse más pesados.
- Subir escaleras puede dejar de ser automático y comenzar a exigir más esfuerzo y más pausas.
- Puedes empezar a necesitar ayuda para tareas que antes resolvías sola.
- Tu cuerpo se adapta a hacer menos. No necesariamente a sentirse mejor.
